CONCURSO DE RELATOS XXVII EDICIÓN: MATILDA de ROALD DAHL (El héroe del parvulario)


CONCURSO DE RELATOS XXVII EDICIÓN: MATILDA de ROALD DAHL

El héroe del parvulario

Han pasado muchos años, casi toda una vida, pero todavía me sonrió y hasta suelto alguna carcajada recordando mis andanzas de la infancia; esas que las lagunas, y lagos de la memoria, no me han conseguido borrar. Aquí en la residencia, la sala de espera para ir al otro barrio, mis compañeros, viéndome reír solo, ya me me asignan el siguiente billete. Hasta en los asilos hay gente sin vida propia criticando la de los demás para no morirse de aburrimiento; yo, cuando los veo, me rio con más ganas.

Pues sí, me parto viéndome a mi mismo con cinco años en mi primer año de escuela. Yo ni mal, y por supuesto ni bien, quería dejar mi troteo diario por la calle para estar encerrado en un establo de ganado humano, mañana y tarde. Al menos, tuve suerte con mi señorita y mientras yo no montara mucha bronca ella me soltaba rienda, si en cambio alborotaba me mandaba a una esquina. Eso lo aprendí bien rápido y. cuando no me gustaba lo que mandaba hacer, yo hablaba o molestaba hasta ser desterrado a mi córner al lado de la puerta.

Con con solo una mano de años estaba claro que yo no sabía lo que era ser un superhéroe, tener un archienemigo, ni siquiera cuales serian mis superpoderes. Todo esto lo descubrí ese mismo invierno, al llegar una sustituta a darnos la clase de parvulitos, cuando mi seño se puso malita. El aspecto de la interina ya me presagio que, mi ganado a pulso equilibrio, se había ido al garete. Si bien era más joven que la titular, con su cara de enfado y rasposa voz, parecía más un sargento primero de la legión.

El primer día, con semejante fiera entre cachorros, casi literalmente corrió la sangre. Con solo un pequeño chismorreo, yo era muy social en aquella época, literalmente me ordeno callar para siempre en clase si no era para responderla. No voy a negar que con semejante ladrido me acojoné un poco, pero después del recreo se me olvidaría. Ahora llegaría mi castigo, por haberla faltado al respeto, al incumplir su orden de hablar sin permiso; algo, que un buen alumno, no hace con su educador. Que palabras usaba esta pedorra, con unos niños de solo cinco años, que no podíamos ni buscarlas en el diccionario por no haber todavía aprendido a leer.

Me mandó acércame a su mesa después de ese sermón de maestrilla de pacotilla. Al llegar, sin mediar palabra, su mano izquierda sujeto la derecha mía mostrando mi palma hacia arriba. Su diestra agarró la regla de madera y mirándome, llena de soberbia, como a un reo ejecutó su sentencia. El regletazo que me dio sonó como un petardo en medio del silencio (de los corderos) de mis compañeros. Yo, por la sorpresa del golpe, seguido de aquel estrépito solté un alarido que parecía estuviera despegando un avión a reacción. Ahora sí, algunos de mis silentes compañeros de parvulario, fueron eco de aquel grito tan poderoso. Por su parte la legionaria, que tampoco se esperó aquel trueno de voz, soltó la regla de su mano con tanta vehemencia como si la hubiera sacudido un rayo.

A esa encadenada escandalera le siguió el golpazo que dio la puerta en la pared al entrar todo apresurado, el maestro de primero de la clase de al lado, escapándosele la manilla. Se debió pensar que estaban cortando cabezas y vino a oler la sangre. Don Maxi era un tipo, más que peculiar, el típico maniático y reprimido de aquella época; pasaba de usar la regla porque prefería repartir bofetones a sus alumnos de seis años, pero esa historia es para el curso siguiente. El profe de primero y la sustituta se miraron con ojitos y, rápidamente con empalagosa cortesía, él la ayudó a sentarse como si fuera a desmayarse la bruja de ella; a mi solo me ordenó sentarme, importándole una mierda que la palma de mi mano pareciera una brasa incandescente.

Así nuestro primer combate acabó en tablas. Yo en casa no dije nada por si acaso, la zapatilla voladora de mi madre, encima me calentase el culo; además, cuando llegué, mis dos manos ya conjuntaban de color. Ese día descubrí cuales eran mis poderes, un grito que sin ser estridente o molesto era capaz de resonar como un trueno, y ser prácticamente inmune al dolor a ese castigo físico tan de moda en las escuelas. En el resto de la semana mi archienemiga me dio respiro, y de paso a mis compañeros, no querría tener un expediente de escandalo diario. Pero el lunes debía estar cabreada, por finalizar su suplencia, y esa misma tarde tuvimos nuestro desafío final.

A cinco regletazos me castigo la condenada, solo por yo hablar mientras ella decía no se que rollos del Evangelio. Con mi cara desafiante de bolabicón recibí el primer golpe, el segundo y el tercero, al cuarto la sorprendí con mi tremendo rugido. Su quinto palmoteo, lleno de ira, rompió la regla en dos; ahora era ella la que gritaba, como poseída por todos los demonios del infierno. Yo sonreía entre los gritos y aplausos de mis compis, Don Maxi entro, esta vez con mas cuidado, y faltando media hora nos mando para casa. De esta sustituta no volvimos a saber más, pero con la titular yo recobré mi sitio y la esquina al lado de la puerta.


Tenemos recuerdos que son imborrables, como si se nos hubieran tatuado en la memoria

56 respuestas para “CONCURSO DE RELATOS XXVII EDICIÓN: MATILDA de ROALD DAHL (El héroe del parvulario)”

    1. Hola. Locutus. Afortunadamente ya no se estila ni pegar o humillar a los alumnos y estamos en el extremo contrario que tampoco creo que sea el más adecuado, el equilibrio siempre está en un punto intermedio. Con esto no digo que defienda el castigo físico, yo fui víctima de sus últimas etapas y siendo honesto la mayoría de las veces sí que lo merecí. El problema es cuando se usaba discriminadamente y con acritud tanto en lo físico como el menosprecio por parte del supuesto educador.
      Yo como mi héroe aprendí a soportar los palmeos y alguna regla casi rompí, lo de las caricias en la cara y los capones lo llevaba peor. Bueno, son cosas del siglo pasado, y ese agua hace tiempo que por el molino ya paso.
      Gracias Jose por pasar y comentar 🖐🏼

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  1. Uff, JM. Andas removiendo recuerdos con tus últimos escritos y estos son dolorosos.
    Aunque se me han escapao varias carcajadas por tu habilidad en el contar, me has recordados mis años de curas, monjas y otros especímenes más incalificables. Parecían estar enfadados con la docencia y sobre todo con los niños y jóvenes que tenían que educar. Siempre estaban cabreados y solo se permitían hablar en monólogos sosos y aburridos, nunca dejaban un hueco al debate, menos a la sonrisa o el comentario. (Alguna excepción había, claro.)
    Yo, que no era demasiado travieso, más bien tonto, recibí lo suyo. Desde el puntazo de un lápiz afilado en la cabeza, por hablar; el bofetón, como llamada de atención; hasta el reglazo en la mano, pero con los dedos a la italiana, pisándonos los pies para que no reculáramos.
    Si ya de por sí era tedioso, cansino y desesperante para nuestra edad encerrarnos, como dices, todo el día en el colegio, el miedo al castigo era ya el culmen del régimen carcelario.
    Como has comentado, en aquellos tiempos los padres apoyaban esas “correcciones” si las contabas y te respondían: “algo habrás hecho para que te den”.
    Ahora la cosa ha cambiado al otro bando y tampoco es lo suyo, pero corresponde a los padres educar en el respeto a los profesores, sin permitir estos vandalismos, claro.
    Bueno relato, JM. Te deseo toda la suerte del mundo en este concurso.
    Un abrazo.

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    1. Hola, JA. Si que han cambiado los tiempos, afortunadamente, pero igual demasiado escorados para el otro lado. En la evolución debemos avanzar más y zigzaguear menos. En esto de la educación seguro que puedes aportar mucho más que yo, que solo fui víctima y conejillo de indias de la EGB.
      Esos tiempos no los recuerdo con dolor, ventajas de tener escasa memoria, entre anécdotas y malos ratos esta chatarra que ahora te contesta se fue forjando 😂😂
      Te diría como idea, no soy profeta ni consejero, que esos recuerdos tristes y hasta crueles si los hubiera los envolvieras bien con una venda de nostalgia; a mi me ha ayudado a cicatrizar ese tipo de cicatrices y ahora casi presumo de ellas como un tatuaje natural. También es que sin llegar a gamberro yo podía ser a veces de cuidado 😂
      Bueno, en estos concursos participo y procuro divertirme aunque ande con el tiempo al límite como este. Además lo hago sin presión porque mis pretensiones literarias se quedan en las bloguero de este barrio.
      Gracias JA por pasar y participar 🍻😉🖐🏼

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  2. Hola, JM. Qué buen superpoder el de tu protagonista, jeje. Me ha gustado mucho el tono de la narración a través de la voz infantil, la ambientación escolar y la caracterización de la maestra. Muy buena historia. Mucha suerte.

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  3. Hola JM. ¡Y pensar que aún hay hoy quienes defienden aquello de: “La letra con sangre entra”! Desde luego, si la profesora sustituta hubiera seguido en el colegio me río yo de los Vengadores: Endgame.
    Un trabajo muy logrado, como ya nos tienes acostumbrado. Duro en ocasiones pero con un gran sentido del humor. Me imagino al vejete riéndose él solo en el asilo para sorpresa de sus compañeros de retiro.
    Mucha suerte en el concurso. Un saludo.

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    1. Hola, Bruno. Me alegro de que te haya gustado y sí el sentido del humor es aspirina para todo. De pequeño si que apuntaba alto, ni Rayo Negro gritaba tan alto 😂😂 ahora de viejo reírse recordando aquellos lejanos tiempos y, de paso, revolviendo el gallinero del asilo 🤣🤣
      Gracias e igualmente, ya me pasaré por tu blog 🖐🏼

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  4. Hola, JM. Hubo un tiempo en el que la infancia y el colegio eran un suplicio. El respeto se infundía a través del miedo y la violencia, metodología poco pedagógica pero, en general, eficiente para someter al individuo que se salía del cauce.
    Mejor contarlo como en tu relato, con humor.
    Saludos.

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    1. Hola, Carmen. Cierto, la famosa disciplina y el respeto, muchas veces conseguido con el miedo y la vara.
      Mi aporte es una visión con humor pero de rebeldía a de ese estado de cosas. Como yo lo llegué a conocer la imaginación solo ha rellenado la lagunas y lagos de mis recuerdos.
      Gracias por pasar y comentar, saludos y suerte 🖐🏼

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  5. Buen relato. Me has recordado una historia que contaba mi abuela.Una vez que a ella le recetaron varios regletazos, aguantó el primero. pero al segundo instintivamente retiró la mano y la maestra se dio en la rodilla. ¡Me duele solo de pensarlo! Le duró poco la alegría. Pero no se fue de vacío la tirana,
    Tu historia daría para un buen debate sobre los maestros/as-pafres/madres de ahora y de antaño. Algo he leído por ahí arriba.
    Te deseo suerte con el relato.
    Saludos

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    1. Hola, Jose. Los que conocimos esa época no olvidamos esas caricias y dan para pensar todo lo que ha cambiado eso situándose en el extremo opuesto.
      Lo que dices de quitar la mano solo conseguía irritar más al ejecutante. Con el tiempo aprendías a poner la mano de forma que doliera menos y también hacías algo de teatro. 😁
      Gracias e igualmente 🖐🏼

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  6. Hola hola, JM.
    Dicen que los ancianos suelen recordar episodios de su infancia con más claridad que lo que hizo hace un rato, así que desde la memoria de tu narrador viajamos a sus traviesos cinco años. Y con qué naturalidad se vivía en aquellos tiempos los castigos físicos por parte de algunos profesores, algo impensable hoy en día; menos mal que el chiquillo era dueño de una poderosa arma en su garganta, podía haberse dedicado al desaparecido oficio de pregonero, en el que se berreaba bien fuerte para que se enterara todo el pueblo, lo de: “De orden del Señor Alcalde se hace saber…”
    Un relato simpático, JM

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    1. Hola, Tara. Pues sí, me acabas de recordar que tengo un documento de esa época que acabo de añadir al relato. Tiempos lejanos pero de alguna forma presentes igual por lo que significaron.
      El castigo físico es historia y para mi anecdótico, aprendí a poner la mano y el dolor estaba controlado así como mis gestos para que mi actuación fuera convincente y no exagerada.
      Con esa voz podía haber sido pregonero de la comarca que subido al campanario me oirían desde todas las villas vecinas 😂😂🤣
      Gracias por pasar y comentar Isabel, suerte esta vez no necesitas que estas, por tu tintero, invitada 😁🖐🏼

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  7. Por desgracia, mis padres, mejor dicho, mi padre, sufría de golpes con la regla en las palmas de las manos y quizás también se llevó las de “primero”. Algo horrible, aunque ahora es todo lo contrario, y a veces el miedo lo sufre el docente. Muy buen relato. Un abrazo, JM.

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    1. Hola, RR. Son cosas del pasado que solo los más viejos recordamos 😂😂
      Ahora como comentas es el docente quien tiene que andar con más cuidado por el acoso al que puede ser sometido; todavía hay quienes ignoran que el respeto se debe llevar de casa como la cartera y los donuts.
      Gracias por pasar y comentar, saludos y suerte 🖐🏼

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  8. jummm.. ahora, gracias a Dios, esta en desuso esa execrable tecnica educativa. Tengo mis desagradables recuerdos, sin embargo, mas relacionados con el borrador del pizarron que con la regla.. Me ha gustado mucho tu relato.. Saludos

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    1. Hola, Octavio. Por aquí también había algún lanzador de borrador pero con puntería discutible. Me alegro de que te haya gustado está historia que de una u otra forma lo más veteranos llegamos a conocer de primera mano. Saludos y suerte 🖐🏼

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    1. Hola, Ana. Pues sí, con las palmas como de acero templado y a grito pelado se forjó este héroe de parvulario. Hazañas de un lejano pasado que, en su ahora senil memoria, le rejuvenece con una sonrisa en los labios.
      Saludos y suerte 🖐🏼

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  9. ¡Hola! Un relato muy divertido. Me ha gustado mucho que el narrador sea el anciando recordando lo travieso que era de pequeño y como utilizaba a su favor el poder que tenía jajaja Y suerte ahora que esos castigos no se sufren…

    ¡Nos leemos!

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  10. Hola Vanjav.
    Me ha gustado esa remembranza del anciano a su pasado más remoto; sus recuerdos de la escuela de antaño fruto de una reprimida y amargada sociedad dirigida por bastardos sin vocación. Estoy de acuerdo en que hemos pasado de un extremo al opuesto, y no creo que nos vaya mucho mejor creando verdaderos monstruitos. Hemos cambiado la edad del tirano solamente.
    destaco tu lenguaje coloquial con ese gracejo peculiar que le has aplicado para tu narrativa.
    Me ha gustado en definitiva.
    Un abrazo.

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    1. Hola, Fran. Me alegro de que te haya gustado y en cuanto al lenguaje coloquial aquí como bien dices encaja. Sí hubiera yo querido hacer una entrada más culta, con mi parco nivel gramatical, me habría resultado una autentica pedantería. 😂
      Y sí, con las restricciones actuales, los docentes se pueden encontrar indefensos para controlar algún monstruito. El respeto se debe traer de casa aprendido.
      Saludos y suerte 🖐🏻

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  11. Hola JM, y tanto que los ancianos se acuerdan de todo y con todo lujo de detalle, que se lo digan a mi padre, con 93 años revive cada instante como lo has hecho tú. Las descripciones me llevaron a mis años de escuela, en los años 60. Esa regla omnipresente, los rincones y las rodillas peladas de estar en el suelo. Yo me escapé entonces de esta tortura. “El aprendizaje con sangre entra”, el lema de las mentes retrógradas, que aún hoy más de una se conservan intacta ¡ en el siglo XXI! Gracias. Un abrazo.

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    1. Hola, Eme. Espero que al recordarlo te hayas sonreído como el viejo de la historia. Tiempos difíciles la escolarización obligatoria de adoctrinamiento. Yo navegué en esas aguas turbulentas y por aquí estoy sin mayor pesar ni dolor, porque ya quedó muy atrás ese agua y, como el viejo de la historia, prefiero recordar las travesuras 😂
      Saludos y suerte 🖐🏻

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  12. Hoy en día no habría hecho falta de ningún superpoder, pues esos hábitos de enseñanza de calbote están más que castigados, aunque yo creo sé de algún profesor que abogaría por traerlos de nuevo, jejej. Muy bueno, JM. Me encantó todo, la historia del niño y su super poder como esa intro tan cínica del geriátrico. Las risas del prota junto con la sátira de la situación son geniales.
    Y vaya superpoder, mira que cuando un nene quiere sabe emitir ciertas hondas que llegan hasta el mismísimo centro del cerebro, pero de ahí a más… No quisiera estar entre medias, jajaja.
    Me encantó, JM. Un abrazo y suerte!

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    1. Hola, Pepe. Me alegro de que te haya gustado la historia. Veo que la has desgranado bien sintiendo simpatía por el personaje. Si de crío eres travieso de mayor menudo socarrón que serás. El poder de la rebeldía infantil que con la edad se convierte en me importa un bledo lo que de mi digan los demás. Saludos y suerte 🖐🏻

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  13. Una historia de otros tiempos en que para enseñar utilizaban métodos violentos, aquí tu protagonista lo cuenta muy bien, este niño descubrió que sus gritos eran su arma para desarmar a la profe.
    Bien contada y entretenida.
    Un saludo JM

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  14. Hola, JM. Una historia muy divertida que nos remonta a viejos hábitos educativos. Por suerte hoy en día ha cambiado la cosa. Me gustó mucho la voz del narrador y la seguidilla de sucesos que hacen que sea, además de divertido, muy creíble. Un abrazo

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    1. Hola, Mirna. Me alegro de que te haya divertido la historieta. Si a la ficción la encuadras en un contexto real, y a unos lejanos recuerdos en blanco y negro restauras y das color con la imaginación, sacas algo que sin ser realidad ni verdad tampoco es del todo irreal ni una mentira total 😂😂
      Saludos y suerte 🖐🏼

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  15. Hola JM, como siempre ese estilo tuyo tan característico, capaz de arrancar una sonrisa a un muerto. Me encanta leerte, me llevas a momentos de la infancia que de una u otra forma todos hemos vivido, y que levante la mano quién no tuvo a un sargento chusquero de la legión dispuesto a torturar con sus malditas reglas de acero, el cuero y el alma de las pobres criaturitas inocentes que éramos. Ese grito super huracanado, nos habría venido bien, para poner a raya a los tiranos de entonces, un gran saludo, un abrazo, y de nuevo decirte, que disfruté mucho de tu relato. suerte en el tintero¡¡¡

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    1. Hola, Mik. Que comentario tan gratificante el tuyo. Conseguir con mis relatos una sonrisa ya justifica plenamente el desafío de esbribirlos. En esta ocasión los recuerdos de infancia son buen escenario para quitarnos unos cuantos años aunque solo sea mentalmente. Saludos y suerte, nos vemos en la gala 🖐🏻

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  16. Hola, JM, Vaya relato más divertido. Es de agradecer que a nuestro protagonista no se le haya ido la memoria y nos ha podido relatar su experiencia de párvulo. El grito de un niño como el que relatas me lo imagino desesperante por muy legionera que sea la profa. Y el que fue mocoso y se reía de todos, sigue en su córner en la residencia riéndose de todos. Relato estupendo, Un abrazo.

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    1. Hola, Isan. Me alegro de que te haya divertido la historia, has captado perfectamente el sentido de la misma. De pequeño travieso y rebelde así que de viejo, cuando menos, socarrón 😁
      Gracias por pasar y participar. Saludos y suerte 🖐🏻

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  17. Hola JM. No sabes lo que me he reído con tu relato. Lo del corner me ha encantado y algunas otras expresiones como “…cuando llegué, mis dos manos ya conjuntaban de color.”
    Ese superpoder es de lo más original. Me ha flipado. Así como todo el relato en general, lleno de humor y sátira. Me ha requete encantado y me ha recordado cuando el profe de inglés de segundo de EGB rompió la regla en la cabeza de mi compañera Susana. Aunque ella ni chilló ni se inmutó. Lo cual resultó ser mano de santo, el profe no volvió a repetir la jugada.
    Un saludo y suerte en el concurso. Por mi parte entras en la élite de los puntuados.

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    1. Hola, MJ. Si te has reído, no sabes tú, cuanto me alegro. Y te lo digo sin sorna ni zalamería sabiendo lo avezada lectora que tú eres.
      Recortar tiempos tan remotos para mi para este reto ha sido gratificante y hasta mentalmente rejuvenecedor. El niño travieso y rebelde contra el adoctrinamiento de aquella época que, si bien acaba en una residencia de la tercera edad, sigue manteniendo su rebeldía con humor y sarcasmo, preparado para lo que venga sin importarle lo que de él piensen los demás.
      Tú anécdota si que es de un docente afín a las enseñanzas del siglo pasado.
      Te agradezco tus deseos que son recíprocos, ya has visto que tus mentalistas de colegio también han sido de mi agrado 👍🏼
      Saludos y suerte 🖐🏼

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  18. Hola JM. Aún recuerdo yo algún profesor que daba con la regla, esos tiempos aunque desterrados, no quedan tan lejos. Me hubiera gustado tener un poder semejante para que el malnacido se llevase su merecido. Un relato simpático y con sentido del humor, en el que el protagonista a pesar de su corta edad demuestra mucho cinismo, además de resignación con su rincón en la esquina. Un saludo.

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  19. Hola, JM. Me has traído a la memoria alguno de los castigos infames que se practicaban en mi época escolar: bofetadas, capones e incluso golpes en la cabeza con la campana del recreo. Por suerte, hace demasiado tiempo y hoy es impensable algo similar. Un relato desenfadado y crítico con aquellos nefastos educadores y quién lo permitía. Un saludo y suerte en el Tintero.

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    1. Hola, José. Veo que se me había quedado pendiente la respuesta. Pues sí, fueron tiempos pasados que los más veteranos recordamos y ahora suenan a cuento inventado, pero lo vivimos y en cierto modo fue como una guerra de guerrillas para los que éramos traviesos, revoltosos y rebeldes 😂
      Saludos y merecido tintero el tuyo 🥂👍🏼

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  20. Hola, Vanjav, lo que me he reído con tu relato. Muy divertido y ocurrente. Casi sin querer me has transportado a otras épocas en las que la capacidad pedagógica de algunos profesores era inversamente proporcional al uso que hacía de diferentes utensilios escolares para lastimar a sus alumnos con fines educativos.

    Buen relato, un abrazo.

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    1. Hola, Carles. Me alegro de que te haya hecho gracia el medio micro este, son cosas del pasado que traen recuerdos agridulces. Yo he procurado que sean más positivos dando al protagonista habilidades para superar esa represión tan habitual en el siglo pasado.
      Saludos y gracias por participar 🖐🏼

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  21. Hola JM, cuanta fluidez literaria en tu relato, ya el inicio es genial con esa escena en la residencia que te ha quedado muy gráfica, y te cuento que mi padre con 92 cumplidos y en su casa, nos hace esas anecdotas de su infancia siempre con la misma risa pícara, ya sabemos de memoria esas historias, pero las cuenta de manera que las gozamos con solo verlo reír y ver cómo su mirada se enciende recordando.

    Un relato muy real en aquellos tiempos, y a pesar del maltrato, también resulta algo tierno ese salir airoso gracias a ese super poder. El grito creo haberlo escuchado, ja, ja.

    Te había leído desde el celular pero desde ahi no comento, me enfrasco con ese teclado, todo se junta y salen unas clases de disparates al escribir…

    Que estés pasando bien la semana.

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    1. Hola, Idalia. Me alegro de que te haya gustado esta historia un tanto nostálgica. Y el cierto paralelismo con tu padre cuando cuenta sus cosas me parece genial. Tú también eres muy gráfica explicándote provocando imágenes o recuerdos a lo que dices, generalmente graciosos 😁
      Del móvil mejor me cayo, a mi la aplicación me ha dejado en el limbo algún comentario y hasta no entrar en el portátil ni cuenta me he dado. Eso aparte del corrector que pone lo que quiere pasando de mi. 😂

      Gracias por pasar y comentar. Un saludo 🖐🏼

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