La tertulia de las diez: “Segunda Vida II”


Por mediación de El arca de las palabras del blog de Úrsula un nuevo relato para la ya conocida Tertulia de las diez.


Segunda Vida

La expresión conejillo de indias no me gustaba para los pobres animales de laboratorio, ni mucho menos para las personas que accedían a ser sujetos de experimentos. La Vida esta llena de dichos, que el tiempo se encarga de restregarnos por el morro; y el, de esta agua no beberé, me salpico de lleno… (picad para acceder al texto completo de la entrada)


Segunda Vida II

Aquella noche, la que podía haber sido la última de mi vida, fue como cualquier otra e incluso mejor. No tengo constancia exacta de cuando me desperté, pero sí que me notaba más jovial y ligero. Igual era solo mi mente, aunque el simple hecho de levantarme sin dolor o molestia alguna, era una bendición en la que a lo mejor la pastilla había tenido algo que ver.

Salí a la calle más alegre que de costumbre y los conocidos, a quienes con un gesto recíproco saludaba, ahora se paraban y hablaban conmigo cordialmente. Me vino a la mente el recuerdo de un amigo que perdí la pista hace tiempo y al sentarme en mi cafetería a desayunar justo pasó por delante. La casualidad me lleno de satisfacción y estuvimos largo rato de charla.

Así transcurrió ese día y entre mi buen humor y la ausencia del más mínimo dolor me sentía pletórico. Mi doble sesión de cine solo incluía La gran evasión por su larga duración, para mi sorpresa está copia tenía el final alternativo que tantas ganas tenía de ver y la moto de Steve Mcqueen cruzo las dos alambradas y se plantó en Suiza como un campeón. Me fui a dormir satisfecho, pero algo nostálgico; cerré los ojos pensando en familiares y amigos ya desaparecidos y esa noche soné con todos ellos.

Los días siguientes transcurrieron exactamente igual, si pensaba en alguien me tropezaría casualmente con él. Y por la noche, si al dormirme echaba de menos a quien ya no estuviera entre los vivos, en mi sueño acababa participando. No tener dolores, sentir la ligereza de un hombre joven, salir de mi anonimato y hablar con todo el mundo; incluso llegar a quedar con alguna mujer, y que ella aceptara mi invitación, realmente era una segunda vida para mí.

Lo del Doctor John y toda esa historia ahora me queda muy lejana y borrosa como retazos inconexos de un sueño. No sé cuantos días, semanas, meses o años han pasado, el tiempo es algo que también me resulta difuso. Sé que no estoy muerto porque solo veo a los fallecidos cuando sueño por las noches, por el día únicamente me encuentro y hablo con conocidos o amigos que echo de menos y, casualmente, nos vemos.

Si tengo que decir lo de los ratos de oscuridad donde no hay nada y se me antojan casi eternos; pero luego, como de una resaca, voy despertando. Finalmente, mi rutina de vida de día y soñar de noche, se vuelve a estabilizar. Ahora, por ejemplo, estaba soñando con mi infancia y mientras empezaba a fundirse en negro me pareció oír unas distorsionadas voces gritar el trece o algo así. Luego nada más, estoy consciente en la más absoluta oscuridad, donde el tiempo parece haberse parado, esperando despertar de este sueño; menuda paradoja.


Epílogo

El Doctor John y su asistente la Doctora Jane, lógicamente no eran sus verdaderos nombres, contemplaban satisfechos el gigantesco mosaico de pantallas al tiempo que detallaban los últimos informes de las pruebas por videoconferencia a la junta de accionistas de la farmacéutica de turno. Un panel panorámico de dieciséis por nueve pantallas que ocupaba toda la pared del fondo de su sala de reuniones. Cada uno de esos ciento cuarenta y cuatro monitores mostraban la imagen de un habitáculo, enmarcada entre los valores de los diversos signos vitales de su ocupante.

El millonario desembolso para obtener las bases de datos hackeados del censo, la Seguridad Social, y diversas redes sociales quedaba ahora plenamente justificado. El algoritmo que cruzo todos los datos para poder obtener unos doscientos sujetos; aficionados a misterios o conspiraciones, preferiblemente solventes, y que nadie echara de menos; también quedo amortizado al conseguir un error global por debajo del tres por ciento.

Los ciento cuarenta y cuatro monitorizados, no llegan a una quinta parte de los pacientes totales del exclusivo hospital privado, donde están ingresados y pasan totalmente desapercibidos. Además, estando sedados y sin recibir visitas, ni molestarán al personal, ni nadie preguntará por ellos; salvo la administración, una vez al año, para la prueba de vida. ¡Que mejores especímenes, estos humanos tan perfectamente controlados y asegurados, para los ensayos químicos de cualquier laboratorio farmacéutico!

Con el tiempo, y por las numerosas pruebas realizadas en su organismo, algún sujeto deja de responder y ni con reanimación recupera las constantes vitales. Eso se llama Ley de Vida, como le acaba de pasar al de la pantalla trece, pero se soluciona fácilmente metiendo una tarjeta de visita en el buzón del siguiente de la lista.

En la escueta tarjeta del Doctor John se ofrece una segunda vida, pero no se especifica en modo alguno como y en que condiciones está será. Tampoco se obliga a enviar un correo pidiendo información, menos el aceptar posteriormente el compromiso. Y por último, la pastilla también se toma voluntariamente. Con estos argumentos, cualquier jurado popular, daría la razón al hospital por encima de la estupidez humana.


10 respuestas para “La tertulia de las diez: “Segunda Vida II””

  1. Hola, JM. Queda una especie de temblequeo al terminar de leer la historia, porque ¿quién sabe si no ocurre algo así? Por lo que sé, algunas compañías recurren a la gente desesperada, que no tiene trabajo, que tiene hambre. Y le ofrecen hacer pruebas a cambio de unos pesos. Es escalofriante.
    Un abrazo

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  2. Muy bueno, JM.
    Da un poquito de repelús porque parece más real de lo que debiera.
    Yo te iba a pedir los datos de ese doctorsito, porque con solo eso de levantarse todos los días sin dolores, que no es el nombre de mi mujé, y sentirse ágil, jovial y alegre… Lo de cruzarme con conocidos ya me da igual, que luego hay que conviá y ahora con la mascarilla no me sabe iguá la cerveza.
    Pero que todo sea como en Matrix, ya no me atrae tanto… aunque… no sé… ya te daré un toque. XD
    Felicidades por el relato.
    Un abrazo.

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  3. ¡Hola, JM! Jo, una historia, o parte de una historia, que no sabría calificarla de ciencia ficción dado que es muy cercano y pegado a la realidad lo que se contiene. La digitalización es un hecho, y con ella el etiquetado de personas para cuyo cribado basta un algoritmo; las farmacéuticas siempre me han dado yuyu. Por supuesto, su labor es necesaria y salva vidas, pero nunca dejo de pensar en que es el único negocio en el que un cliente satisfecho es un cliente perdido, dado que al sanar ya no necesita sus productos. Por tanto, ¿el objetivo del sector es curar o solo paliar y cronificar?
    Muchas preguntas me vinieron de tu lectura. Un abrazo!

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    1. Hola, David. Mejor no darle muchas vueltas a este tipo de cosas o no podríamos dormir. La línea entre realidad y ficción yo también creo que es bastante difusa y por ende espeluznante.
      Gracias por pasar y participar 🖐🏻

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  4. Vaya tela!
    Así que esas tenemos, el pobre tan contento que estaba de haber recuperado el saludo y la alegría de sus convecinos.
    Y eso de las distorsiones, fundir en negro, el trece, también tocarle al pobre ese numerito que a mí me da igual pero hay quien le tiene tirria.
    Y eso de ser un espécimen que todos te observan, te controlan, hacen lo que quieren contigo, se lavan las manos y no tienen pudor ni empatía con nada ni con nadie…
    En fin, el relato magnífico. Un diez.

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    1. Tenía que haber seguido tu consejo y no haber tomado la pastilla. Me levantaría con dolores, no me hablaría ni la portera, pero no estaría a disposición de cualquier laboratorio como una rata a su servicio todo el día a la espera de acabar muerto.
      En fin, cuando se apagó la luz y dijeron mi número, ya solo les queda hacerme las pruebas con una medium 👻🖐

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