VadeReto (Enero 2021)


Los archivos secretos del CDN (La infancia de Tres)

Todos tenemos una historia y un origen incluso los cuatro del CDN. Ir contando nuestra vida no es algo habitual entre nosotros, solamente dejamos caer algún retazo de la misma cuando surge como anécdota o bien como aquella tarde que nos saltamos dos clases para ir al cine rematando la faena alternando a manchaos; con cada ronda se nos fue soltando la lengua y empezamos a contar nuestras travesuras de la infancia.

Siendo el secretario de esta cuadrilla he ido recabando la información de cada uno de nosotros, en esos momentos que libremente se ha compartido. Después de varios cursos juntos; aunque el resto de compañeros no se haya dado cuenta, nosotros compartimos públicamente una cordialidad por ser los raritos de la clase y secretamente una amistad más que sincera y honesta; nos hemos ido conociendo muy bien.


Tres fue la que más tardo en soltarse a ir contando sus cosas, pero resultó ser también la que tenía más aventuras ya desde su infancia. Tres fue una niña de guardería que aprendió más de lo que allí la enseñaron.

Imagen de Nathanel Love en pixabay.
Muy mona y simpática, pero menudo genio tiene la niña

Desde antes de sus primeros recuerdos Tres era llevada a la guardería cada mañana a las siete en punto. Una rutina que se le quedó grabada cuando con tres años subía los dos escalones y llamaba a la puerta de un tirador que hacía sonar una campana. Iba a ese centro porque además de guardería era también para preescolar y como sus padres no tenían con quien dejarla no podía ir a los colegios con la hora de hora de entrada normal.

Con menos de un año de edad empezó su reclusión en ese lugar y al seguir con el primer ciclo fue la reclusa, como ella nos contó, más veterana. Todos allí, daba igual que fueran las cuidadoras de los bebes, los maestros de preescolar o las limpiadoras, la habían cogido un cariño especial. Era como una mascota humana inquieta e incansable, que lo mismo aparecía por cualquier lado o no la encontraban por ninguna parte.

Al llegar a las siete se pasaba cada mañana dos horas con las puericultoras hasta que comenzaban sus clases. Estando con ellas desde los tres años aprendió a cuidar y jugar con bebes de verdad en vez de con las muñecas como las otras niñas de su edad. Por eso, la encargada de las cuidadoras, le pedía a Tres sin ningún reparo su opinión cuando alguna recién titulada iba a hacer allí las practicas.

En su último año allí, al siguiente ciclo ya con siete años podría ir sola a la escuela, conoció a Jon.

Imagen de Marques Edgar en pixabay.
Jon tan pequeño como despierto. No duerme la siesta, se sienta y mira sin llorar.

Así es, Tres puntualmente a las siete entraba directamente, después de dos buenos tirones a la campana para que supieran que era ella. Y media hora más tarde dejaban a Jon con algo menos de un año. Este bebé era distinto a los otros, que Tres allí en sus dos últimos años había conocido, nunca lloraba o protestaba, ni cuando no podía dormir; simplemente se sentaba y observaba a su alrededor hasta que el sueño lo tumbara.

En los ratos que no tenía clase Tres se colaba en la sala de los bebés y veía como todos los pequeños dormían y Jon allí sentado parecía el vigilante de la guardería. Si alguno de sus compañeros lloraba rápidamente se giraba para su lado y miraba en esa dirección. Para la niña era algo nuevo eso y no se atrevía a ponerse en el punto de mira de Jon por si tuviera algún poder especial en su mirada.

Pero no duró mucho esto, pronto sin decirse nada solo con la mirada, se hicieron amigos. Era como si se dijeran cosas sin hablar y lo curioso es que parecían entenderse mutuamente. Tres con sus compañeros de clase no se llevaba mal, pero ellos solo estaban las lectivas mientras que ella llegaba dos horas antes y se marchaba también otras tantas más tarde.

Esa primavera llegó una cuidadora de bebés a hacer sus tres meses de prácticas. La chica rápidamente se familiarizó con sus compañeras y sutilmente también le daba coba a la encargada. Con los que no contaba eran Tres y Jon el vigilante de la sala de bebés.

Una tarde la nueva quedó a cargo de la guardería. Como a Tres no la conocía cerró la puerta y no la dejó entrar. Las dos horas restantes, hasta que fueran a recogerla, se las pasaría en el patio vigilada, de vez en cuando, por su maestra mientras corregía los trabajos de clase.

Casi a la hora de salir, un llorar fuerte e intenso como una sirena, hizo ir corriendo a maestra y alumna hacía la sala de los bebés. Al llegar sorprendieron a la puericultora cambiando a uno de los niños, pero ese no era precisamente quien lloraba como una alarma incontrolada.

Cuando entre lágrimas Jon cruzo la mirada con Tres dejo de llorar, pero más curiosa era su postura echado boca abajo en vez de su típico sentado. La niña intentó ayudar al pequeño a ponerse en su pose de vigilante, pero él no quería. Solo otra mirada entre los dos amigos para que Tres supiera lo que había pasado.

Roja de ira se acercó a las dos adultas que estaban comentando lo ocurrido. Solo oír que Jon se había puesto a llorar sin motivo y que empezó a despertar al resto, Tres no se pudo contener y sin previo aviso lanzo una patada a la espinilla de la puericultora. Su maestra que sabía como las gastaba la niña, la cogió en vilo y la apartó de su víctima, justo antes que la segunda tibia recibiera el recado previsto.

La joven cuidadora tuvo que sentarse del dolor y mirando a la maestra con tono amenazador diría que pondría una queja al Ministerio de Educación por la agresión recibida y la intromisión en su trabajo. La maestra de Tres no esperaba una respuesta así por parte de la cuidadora y se quedó momentáneamente en blanco. La niña sujeta por ambos brazos por su tutora, y a una distancia de seguridad más que suficiente de la puericultora, no tuvo ese problema en la lengua y habló con tanta contundencia como con sus patadas.

Descargada ya su ira se expresó con toda la claridad que su corta le permitía, bastante más de lo que las otras dos mujeres presentes se podían imaginar haciéndolo punto por punto:

  • Jon no llora nunca, ni cuando no puede dormir, ni cuando tiene hambre, ni siquiera cuando hace falta cambiarle el pañal.
  • Tú estabas aquí sola y no me dejaste entrar como hacen las otras cuidadoras. No querías que viera lo que hacías.
  • Jon si te vio y te molestó tanto que quisiste obligarle a dormir y hasta le diste un par de azotes y ahora no se atreve igual del dolor a sentarse. Justo es que yo te diera a ti en las espinillas por abusona.
  • Has estado hablando con el portátil toda la tarde y enviando fotos de la sala y lo sé porque está girado para que no se vea que no está enchufado. Se ha caído el cable por detrás de la mesa y no te ha dado tiempo a moverla para cogerlo.
  • Si solo hubieras hablado por el ordenador no habría pasado nada. Lo de hacer fotos aquí y sacarlo por el Internet no creo que le guste a los padres de los bebés. Y lo de pegar a Jon eso ni yo no te lo perdono.
  • Vienes aquí a hacer las prácticas, vas de simpática y en cuanto te quedas sola la lías parda y luego soy yo la niña traviesa. Pues lo seré, pero solo pego a quien se lo merece y a ti la primera.
  • Por último, todo lo que he dicho es cierto y lo que no he visto ha sido Jon quien me lo ha contado. Chúpate está y chínchate.

Con semejante verborrea la maestra tuvo tiempo de recobrar el habla, mientras que la todavía dolorida cuidadora infantil seguía sin dar crédito a esta Perry Mason de guardería. El punto clave fue el del enchufe, cuando la niña lo mencionó, las otras dos para desgracia de la más joven lo corroboraron.

Al día siguiente la encargada habló con la cuidadora agredida, Tres como killer también estuvo presente. El tema se aclaró mejor de lo esperado, estaba chateando con compañeras de estudios y las fotos eran inocentes mostrando el lugar de trabajo. Con Jon el vigilante si perdió los nervios e intentó acostarlo como ser resistía lo forzó a la postura y él se asustó y se puso a llorar como un descosido, pero sin ponerlo la mano encima; ahí si Tres se pasó con su deducción y no le quedó otra que pedir perdón a la cuidadora.

Desde ese día la puericultora en prácticas permitió entrar a Tres en la sala de los bebés. A Jon también se le pasó el susto y más de una tarde a última hora volvieron a coincidir allí los tres. La niña se sentaba al lado de su nueva amiga mirando con envidia la agilidad de sus dedos escribiendo palabras que, por estar en el último curso de preescolar, ya las sabía leer; de vez en cuando las dos se miraban y se reían. Jon sentado enfrente no las quitaba ojo y sin reírse también parecía estar feliz y contento.


10 comentarios sobre “VadeReto (Enero 2021)

  1. Si ya sabía yo que la niña te iba a dar juego, JM.
    Si con esa carita encandila y te lleva al huerto.
    😂😂😂
    Divertido e imaginativo como siempre. 👍🏻
    Si con tus historias consigo una risas, ¿cómo no te voy a dar la turra para que cuentes más?
    Solo deseo saber qué cómo serán las infancias del resto de la pandilla. ¿nos la contarás? 😉
    Un abrazo

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  2. Bueno una historia casi melodramática. Pobre bebé y vaya con la niñita, que la dejen sola.
    En fin, un buen comienzo para finalizar la semana con una sonrisa.
    Felicidades y que los Reyes MAJOS se presenten con buenos y merecidos regalos.
    Por mi parte te regalo Una feliz noche, buenos sueños y gran inspiración.

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  3. Y yo te puedo decir JA que si no hubiera protestado ni la mitad de bien me habría quedado. Tenemos que montar este teatrillo como ensayo de nuestra representación. Y de momento parece irnos bien 😂
    Según los desafíos que vayas marcando iré tratando de colar las andanzas de estos cuatro numerales.
    Saludos 🖐

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  4. Me alegro de que te haya gustado Carlos y mira que metí algo de rollo para darle caña a JA anfitrión del VadeReto. Pero si os gusta y no ha sido tan tocho como yo esperaba, justo es que yo también por ello me sienta agradecido; y esto si que lo digo en serio.
    Gracias por pasar y participar Carlos 🖐🏻

    Le gusta a 1 persona

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