VadeReto (Febrero 2020)


VadeReto (Febrero 2020)
Imagen base para la composición de Pexels (Pixabay)

Una larga noche

Cuando llegan estas fechas de Carnaval yo me recojo antes del anochecer. No siempre ha sido así; de hecho, cuando volvieron a poder celebrarse con la democracia; yo me dejaba caer en cualquier sitio que hubiera algo de ese ambiente pagano, bebiendo y saltando como un joven desbocado con ganas de fiesta hasta el amanecer.

A finales del siglo pasado, no siendo ya tan joven, yo seguía saliendo cada noche de fiesta y al igual que un vámpiro hasta los primeros albores no me recogía. Era algo que me podía permitir por coger esa semana de vacaciones religiosamente cada año.

La noche de un miércoles, lo sé porque igual que este año era de miércoles de ceniza, en uno de los bares de mi recorrido de charangas y comparsas me arrimé a unas muy heavies y marchosas vestidas entero de negro cual brujas. Después de perder la cuenta de cervezas que tomamos entre tanta juerga y algún porrete tamaño XXL, tambaleándonos a eso de las tres de la mañana y ya todos amigos quedamos en ver amaneciendo escuchando música y haciendo botellón en casa de una de ellas.

Tal como iba yo de cargado, más por el fumeteo que por la bebida, ignoro todo lo que anduvimos ni las calles por donde pasamos. Es más, con el relente de esas horas, hasta me iba despejando lo suficiente para dar por acabada la fiesta y regresar a mi casa a terminar de dormir la borrachera. No tuve ocasión, estábamos ya en la periferia de la ciudad y delante un sombrío caserón, que en otro tiempo debió ser de postín, resultó ser nuestro destino.

Sé que entramos, que subí o bajé unos peldaños, que me ofrecieron una botella de cerveza y refrescar el paladar con su sabor y finalmente oscuridad. En todos estos años que han pasado me he preguntado lo que pasó y no he sido capaz de darme una respuesta coherente, incluso he recorrido todos los rincones de las afueras para intentar reconocer la casa donde todo pasó y tampoco obtuve resultado alguno.

Me desperté en una densa oscuridad, la cabeza me retumbaba como un redoble de tambor. Notaba una humedad viscosa en mis piernas y un olor denso y conocido pero enmascarado por otro más fuerte a humedad rancia. A ciegas me puse de pies y una sensación claustrofóbica me embargó al notar que con los brazos medio extendidos tocaba las paredes laterales como si de un estrecho pasillo se tratara. Palpando hacia delante y detrás tampoco habría más de dos metros, tres frías y mohosas paredes y unos resbaladizos escalones que no acertaba a subir justo por delante.

El miedo me dejó paralizado al tercer resbalón y quedar sentado en el suelo. En esa desprotegida postura la imaginación estimulada por la jaqueca me decía que estaba en un panteón y que las brujas lo eran de verdad y hasta allí me habían llevado para encerrarme y morir horrorizado. No encontraba otra explicación y la falta de luz era la sombra ideal para cubrir ese terrible pensamiento.

Sentado, pensando que no iba a salir de esa, todas las preguntas posibles me llenaron mi atormentada cabeza de interrogantes como sacacorchos enquistados en mi cerebro. La angustia y la impotencia solo acrecentaron mi desesperación tanto que hasta traté de recordar como ser rezaba. Esa aciaga madrugada jure que si volvía a ver el día dejaría de salir de noche.

Lo siguiente que recuerdo es estar en una camilla en un box del hospital. No sé si fue el rezo o no pero mi juramento hasta hoy lo he mantenido.


Epilogo (solo para quien quiera un poco más)

Esta tarde, por supuesto antes de la puesta del sol, tomando una cerveza (no juré que dejaría la bebida) entro una señora al bar y pidió un café. La mujer del café iba a sentarse en la mesa de al lado y al verme súbitamente se sorprendió y a continuación vino a saludarme. A mi se me hacía vagamente conocida su cara, podría ser de alguien visto en la calle sin ser ni conocido siquiera.

En la siguiente media hora todas mis preguntas, acerca de aquella terrorífica noche de un miércoles de ceniza del siglo pasado, tuvieron su ansiada respuesta. La buena mujer era una de las brujas de aquel día, habían venido de la capital aprovechando esa semana de vacaciones al ser maestras. El caserón semi abandonado era de la familia de ella y justo al año siguiente lo vendieron para hacer un pequeño bloque de apartamentos. Al entrar en la sala, yo con la cerveza en la mano dije para ir al servicio y me colé en la carbonera de cabeza y por el golpe debí quedarme inconsciente. Ella misma al ver la portilla del estrecho cuarto abierta la cerró, no pensó que yo estaba dentro. De hecho pensaron que me yo me había ido sin decirlas nada. Hasta el medio día siguiente no repararon en los cristales de botella al lado de la carbonera. Al abrir la puerta casi las da un ataque al verme allí como muerto y completamente rebozado en pintura; ese era el uso del estrecho cuarto ahora que ya no había carbón para las cocinas. Llamaron a una ambulancia y al poco ellas ya tenían que tomar el tren para regresar a la capital sin saber ni mi nombre o dirección.

Ahora ella, ya jubilada, había vuelto a sus raíces y vivía precisamente en uno de los apartamentos edificados en su antigua casa. Veinticinco años para resolver un misterío y solo cinco minutos en pasarnos los móviles para quedar esa noche rompiendo mi maleficio; Ella de bruja, y yo de hechicero, claro está.


9 comentarios sobre “VadeReto (Febrero 2020)

  1. Gracias Mar, me alegro de que te haya gustado. El epílogo es mi personal coletilla para darle otra vuelta al relato. Este mes he andado apurado de tiempo con los retos largos. En el de la fiesta y este he tenido que improvisar más de la cuenta.
    Saludos editora, digo vecina 😁🖐️

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  2. Genial, JM. Has hilado perfectamente los entresijos del VadeReto. Con el epílogo le has querido quitar un poco de maldad a la historia. Eso le da dos versiones. Los que gusten, quedarán sin respuesta y disfrutarán de sus ideas macabras (a mí me gusta de vez en cuando, que nadie se dé por aludido).
    Te agradezco enormemente que sigas haciendo un esfuerzo en tu agenda para participar en los VadeReto. Es un placer leerte.
    Muchas gracias y enhorabuena por el relato, me ha encantado.
    Un abrazo.

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  3. Gracias a ti JA por hacer que pongamos la imaginación a jugar. Para mí el reto de este más ya me sonaba algo recurrente de alguna historieta mía. De ahí el giro que el epílogo le da para hacerla más real y hasta posible de acontecer.
    En cambio, la hoja del mes del almanaque casi me pilla a medias por confiado y descuidado. Espero andar más listo en marzo y seguir con esta dinámica que tan bien le viene a mi mente.
    Saludos y gracias a ti JA por saber entrenarnos la imaginación 🖐️

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