La tertulia de las diez: "Cuento de Año Nuevo"


Por mediación de El arca de las palabras del blog de Úrsula un nuevo relato para la ya conocida Tertulia de las diez.

Este Año Nuevo en mi ciudad no fue como los anteriores. Por las calles había como siempre mucha gente celebrando con una copa de más, tal vez para no perder el optimismo, al comienzo del año. En esta ocasión también estaban los diferentes y no unos cuantos como en otras ocasiones, había muchos más, yo diría que todos y eran muchos de verdad.

Yo, medio eufórico y con la lengua suelta por los vinos que ya llevaba, en un bar abarrotado solté la gracieta que si este año además de ser bisiesto Halloween también empezaba en enero. Las risas por mi comentario fueron contagiosas, siendo recompensado con otra ronda al instante.

Esa noche de resaca, la jaqueca no dejaba de ilustrarse con las imágenes del día, salpicadas de toda esa gente diferente que estaba por las calles como reivindicando su derecho a celebrar o, al menos, a estar allí en Año Nuevo. Me costó lógicamente dormir y a pesar de las risas mi comentario sobre los diferentes ya no me pareció tan gracioso.

Al día siguiente y los sucesivos, a pesar que el invierno se portaba como tal, a la calle seguían saliendo todos los diferentes. Lo del primer día del año no fue un mero espejismo y parecía que se habían puesto de acuerdo a tomar las calles con su presencia diaria. Al menos su constancia había que reconocérsela.

Mucha gente normal se sentía incomoda con su presencia y evitaba mirarles para de esta forma hacer como que allí no estuvieran. Yo ya curado de la resaca, tampoco les mantenía la mirada. Pero curiosamente ellos, más educados, me saludaban; los que podían hablar con la voz y una sonrisa, los que no tenían esa facultad con la mano y la misma sonrisa.

Hacia la primavera, ya a muchos normales se nos había hecho como algo habitual la presencia de los diferentes y resultaba gracioso como nos pasábamos el camino devolviéndolos el saludo; mientras que al resto, solo lo hacíamos, si eran conocidos. Además, ellos literalmente daban la nota de color al ir con ropas más alegres quitando dramatismo a su discapacidad o miseria.

A la mayoría nos costó casi una estación, la más fría, adaptarnos a su presencia y empatizar con ellos. Hasta la corporación municipal, salvo los necios de siempre que defienden símbolos y se olvidan de las personas, decidieron parar los proyectos de lucimiento en beneficio de los de mejora y eliminación de barreras arquitectónicas. En cuanto a las ayudas sociales, los diferentes ya fueran enfermos, discapacitados, insolventes o simples mendigos, no eran precisamente solventes; también se dispararon y los centros de día o de acogida.

Para el verano en mi ciudad, la integración social fue una realidad; ya nos saludamos todos como si de una pequeña aldea se tratara. Los pisos vacíos vuelven a tener vida por una ajustada renta y los pequeños negocios también han vuelto a dar color a sus escaparates. En el ayuntamiento siguen haciendo el paripé para que las siglas, a nivel nacional, se sientan satisfechas; aunque luego se pongan de acuerdo para mejorar la convivencia y erradicar la miseria localmente.

Ahora en mi ciudad los diferentes son los necios que siguen defendiendo la supremacía de los símbolos e ideales sobre las personas. A estos no los saludamos, ni ellos al resto tampoco. Pero… poco a poco también se irán integrando.


Feliz 2020 y siguientes

2 respuestas para “La tertulia de las diez: "Cuento de Año Nuevo"”

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