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“El camino más rápido”

Re. “El camino más rápido”


Alex odiaba cruzar por el cementerio por las noches—aunque era el camino más rápido a su casa—pero aquella noche era demasiado su cansancio y ansiaba dormir, así es que al llegar a la puerta, no lo dudó y entró al camposanto. Su trabajo en el pub no era estresante salvo la noche de los viernes y, por supuesto, de los sábados.

El domingo era su día libre pero a las diez de la mañana el vecino empezaría con la rutina de segar su dichosos césped. Así que a las dos y media ya pasadas no iría por la avenida rodeando todo el pueblo, En cinco minutos estaría en casa entrando por el cementerio y saltando por la tapia sur del mismo.

La noche era fresquita y Alex iba a paso más que ligero. La verja del camposanto tenía el candado roto desde hace años y la cadena solo era para sujetar la hoja metálica y no hiciera ruido con el viento. Dentro, la luna estiraba la sombra de las cruces dando la sensación de espectros distorsionados.

Alex ya estaba al lado del panteón que le serviría de apoyo para saltar más cómodamente la tapia que rodeaba todo el cementerio. Su paso tan apresurado por llegar a casa y el cansancio, de doce horas seguidas despachando combinados y pintas de cerveza, le obligó a tomar un respiro antes de coger impulso para saltar al otro lado.

Al ver la gran sombra estilizada, de la cruz del panteón delante de si mismo, un súbito sudor frío empezó a recorrerle toda la cara. Jadeando, el aíre que expulsaba eran como bocanadas de una gélida y siniestra niebla. Un terrorífico recuerdo se le puso en foto fija en la mente. No podía dar crédito a lo que le estaba pasando y hasta el corazón con sus latidos descompasados le marcaba un horrendo redoble.

Alex se acurrucó y cerró lentamente los ojos. Su visión mental, más que calma, le había provocado una completa sumisión. Aquella estilizada sombra le recordó a Luca el desgarbado, con su largo y viejo capote, la noche que salió de su pub; el último como siempre, y al despedirse hasta el día siguiente, este le respondió con sorna “Si Dios quiere”. Y claro, el Señor, se lo debió tomar a mal porque no quiso.

El embelesamiento fue placentero, notaba como la respiración se iba sosegando y los sonoros latidos parecían ya más un eco que se iba alejando. Al final, el sueño tomó posesión por completo de Alex y la oscuridad lo envolvió por completo.

La sensación de vacío y frío completaban esa pesadilla ante la que el cuerpo no tiene nada que hacer. El tiempo también parecía detenido y pensar que seria así durante toda la eternidad tampoco era de ayuda a su derrotada esperanza. Luego, nada salvo la imagen de Luca, saludando con la mano justo cuando dijo sus últimas palabras, difuminándose en su imaginación.

El frío había desaparecido y, aunque todavía con todo el cuerpo entumecido, parecía como si un ligero calor ahora le estuviera envolviendo. También el negro opaco y sólido era ahora más bien un gris, que a modo de gradiente, se iba aclarando. Por la mente de Alex se le pasó que estaba despertándose en el cielo o algún purgatorio intermedio.

Al abrir finalmente los ojos vio el panteón que por la noche iba a saltar para cruzar el cementerio. Leyó intuitivamente el nombre del mismo: Familia Giacco Gomesi, sí los italianos que se quedaron a vivir en el pueblo después de la guerra. Abajo, a la izquierda, estaba la lápida de Luca Giacco con la trágica fecha de su fallecimiento; justo hacia un año.

Alex ahora estaba pensativo, seguía acurrucado pero tapado con un pequeño toldo de lona a modo de capote. Tal vez por eso, no pereció aquella noche de frío, cuando le dió aquella fatiga que acabó en desmayo.

Su amigo Luca no se libró de la ira divina. Pero sea como fuera, desde el otro barrio, consiguió con un capote improvisado evitar que Alex su amigo del pub, no acabara como él, aquella aciaga noche de sábado.


*#MismoInicioDiferenteFinal

Ejercicio de escritura creativa desarrollado por @MaruBV13 y @AliciaAdam16.

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