Diario de un Percebe (soso): Mis memorias “Mi jefe”


Aprovechando esta ola de calor, en la que me tengo que quedar quieto para no sudar como una ducha andante, me dedicaré a seguir con mis memorias.

Mi jefe

En mi vida laboral he tenido varios jefes, ninguno malo malísimo ni, tampoco, bueno buenísimo. Con cada uno he aprendido, tanto de mis errores como de sus equivocaciones. Todavía soy alumno, que a maestro no llegaré, y de empleado me jubilaré.

Voy a hacer una pequeña reseña de uno de los últimos jefes que tuvo que aguantarme, al final el se llevaba peor rato conmigo que yo con él.

Todo empezo hace dos lustros más o menos y no hubo mal pie pero, igual sí, una metedura de pata por mi parte a las primeras de cambio. La cosa es que mi ironía, en cuanto hay algo de confianza, me precede lo mismo que la sombra cuando tengo el sol a la espalda.

En una comida con todo el equipo, yo era de los nuevos, comenté en voz alta que en las empresas suelen hacer al mas tonto encargado. Claro, mi jefe se dio por aludido, sin analizar ni la forma ni el fondo de mi comentario. Tiene su lógica empresarial, promocionar a un buen oficial puede suponer una debacle mientras que, haciéndolo con alguien tan torpe como obediente, se conseguiría mantener el rendimiento y tener un servil, o literalmente a un ser vil, haciendo de fiel transmisor de la jefatura. Bueno, el caso es que el mío se lo tomó como ofensa y, desde entonces, se atragantó conmigo.

Como inciso diré que no era mala persona, ni mucho menos, solamente tenía sus prontos de necedad, Creo que siendo bueno o malo, esos brotes de intransigencia deben ir con el empleo y si no se tienen, automáticamente, te descartan para promocionar como jefe. La necedad es mala teniendo razón y hacer leña de un empleado caído es, cuando menos, una falta grave de respeto. Si encima se es necio sin razón, acabáramos, los galones se les suben a la cabeza y no se dan cuenta, del supino ridículo, de su estupidez.

Lo dicho en el párrafo anterior fue nuestra dinámica laboral y, aunque la acritud generalmente estaba doblegada por la cordialidad, en cualquier momento, uno de esos prontos, podía levantar una galerna. Yo siendo mal marinero sí era buen marino y soportaba las tormentas como tal. Algo, que mi contramaestre eludió, en un momento determinado, fue su responsabilidad conmigo y se la chivó al capitán. Una encerrona digna de un comité de ética que capeé con mas dignidad que ellos.

Casi a última hora conseguimos el equilibrio ideal, el no me reñía más de la cuenta y yo procuraba, por mi parte, equivocarme lo menos posible. Debió ser algo que aprendió en alguno de estos cursos de catecismo empresarial, que tan de moda están en las empresas, que yo bien conozco por haber sido víctima o partícipe de unos cuantos. La excepciones fueron una necedad grande y otra ruin que le dejo como un jefe vil, y no merece más que solo su mención. En cuanto a la mayor, tuvo la osadía de decirme que yo no era proactivo, palabra de moda en los cursos antes mencionados. Bueno, se la tuvo que tragar a palo seco, dado que fui el único que completé el proceso por el cual me recriminó.

De hecho yo soy más proactivo de lo que os podáis imaginar, soy el Percebe con mayúscula por algo. A título de ejemplo: Llevo a mano bien memorizado, en memoria rápida, el número de teléfono 112 por si hubiera alguna emergencia. Pero también, en otra memoria rápida, el del tanatorio; Así, si considero que la cosa es grave, ahorro la ambulancia y te pido directamente el coche fúnebre.


17 respuestas para “Diario de un Percebe (soso): Mis memorias “Mi jefe””

  1. Ay, apreciado Percebe, la calor es realmente asfixiante, pero me temo que tus reflexiones son independientes de la climatología. Me quedo con lo de ser proactivo, y lo voy a intentar, aunque parece el nombre de algún probiótico intestinal. Un saludo, y aguanta firme, que ya pasará el verano.

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  2. En los trabajos hay de todo como en botica…
    Pero tu dijiste eso y qué te parece lo que se me escapó a mi, un día que ascendieron a un jefe inmediato mío, a un cargo algo más alto, por supuesto yo no me había enterado, era la hora del café y estábamos empezando la jornada laboral, hablado no sé de qué, bueno, imagino que de los jefazos, no se me ocurrió otra que soltar:
    Cada día que amanece en este trabajo los tontos crecen…
    Pa qué te voy a contar…

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