La tertulia de las diez: “Noche sin luna” by El Percebe


Por mediación de El arca de las palabras del blog de Úrsula un nuevo relato para la ya conocida Tertulia de las diez.


Hay muchas historias y leyendas, más o menos, terroríficas con la luna llena de fondo como testigo de cargo o incitadora de una tropelía. En mi caso, fue todo lo contrario, la luna nueva maldijo mi sombra.

No me gusta viajar de noche, pero menos todavía echar el día siguiente para retornar de una salida de trabajo, sobre todo si es viernes. Así que después de mi recorrido comercial, a pesar de ser ya más de media tarde, decidí tomar algo ligero de cena y retornar a casa para llegar de madrugada.

Cuatro horas conduciendo no es una exageración, y poder dormir en casa era una justa y merecida recompensa, después de cinco días de mi ruta de representante comercial. A las diez en punto de la noche, emprendí mi retorno, con la intención de estar durmiendo en mi cama antes de las tres de la mañana.

Al tener que retornar, por carreteras comarcales y algún tramo de nacional, el tráfico era casi inexistente con lo que podía mejorar algo mi hora de llegada. Todo iba, literalmente, sobre ruedas, hasta la radio con algún que otro desvanecimiento conseguía mantener la sintonía. Así, justo a media noche, ya estaba a menos de cien kilómetros de mi casa.

Estaba casi a tiro de piedra de mí ansiado destino, unos cincuenta kilómetros, cuando me percaté que con la premura de mi salida no tuve la precaución de llenar el depósito. Ahora, un piloto rojo parpadeante, me recordaba continuamente ese despiste. Total, podía arriesgarme, la reserva del coche seguramente me diera para llegar a casa y el sábado ya descansado y con calma saciaría mi vehículo.

Joder, a veinte escasos kilómetros, la aguja del depósito estaba pegada en el cero y la luz roja de aviso era continua. Ahora mis nervios estaban muy tensos, a punto de romperse, tan cerca y tan apurado por no poder llegar. No paraba, y miraba mi situación en busca de una estación de servicio abierta, por miedo a que luego no me arrancara el coche; encima, esa comarcal, distaba de la carretera general casi tanto como de mi propia casa.

Al final pasó lo que tenía que pasar y el coche, subiendo un pequeño repecho, se me paró. Como pude lo arrimé a la cuneta y me dispuse a situarme, por si algo de suerte me quedara, y hubiese cerca alguna gasolinera abierta. La segunda fue en la frente, cobertura cero y los datos del móvil consumidos; aunque el GPS, después de unos minutos me marcó una posición, fue incapaz de bajarme un mínimo plano orientativo.

Era la una y media, podría seguir por la carretera a probar fortuna pero sin tenerlo claro seria andar por andar. Además, para no haber dos sin tres, la noche era más negra que una maldición. Un cielo cubierto de nubes con luna nueva, en mitad de donde Cristo dio tres voces y ni el eco le respondió, parecía de una autentica pesadilla. Encima ya no me quedaba ni una triste muestra del café autocalentable que yo represento; esa semana, como un gili, las regalé absolutamente todas. Así que no me quedó otra que acomodarme en el coche, como mejor pudiera, para pasar esa negra noche de perros. Por la mañana, ya pasaría alguien, y podría salir de este atolladero.

Apagué la radio, que también llegaba con bastante ruido de fondo, por miedo a rematar la jugada quedándome también sin batería, y me acurruque en el asiento. Una noche tan oscura se hizo eterna y eso que después de una semana viajando estaba más rendido que cansado. Al final, no faltaría mucho para amanecer, cuando conseguí dar una cabezada en esa interminable duermevela.

Una intensa claridad atravesó a mis pesados parpados, el cansancio me suplicaba no abrir los ojos pero la claridad me molestaba todavía más. Al final cedí y, frotándome la cara, me fui despejando. Lo primero que vi, cuando la visión dejó de ser borrosa, me llegó al Alma haciéndome lanzar un desesperado y agónico juramento. A unos veinte metros delante, al final de la pendiente, había un gran cartel señalizador con la siguiente información:

GASOLINERA a 200m ABIERTA 24HORAS con Servicio de Cafetería


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4 comentarios sobre “La tertulia de las diez: “Noche sin luna” by El Percebe

  1. 😂😂😂😂 ¡¡Vaya faena!! No se por qué pero intuyo que eso me podría haber pasado a mí perfectamente… Más de una vez tenía la solución o la salida delante de los ojos y no la he visto hasta que alguien me “iluminó”…😂 😂 😂

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  2. Seguro que a todos, en alguna ocasión, por miedo nos hemos quedado a las puertas de la salvación (solución). En esta ocasión, haberse puesto el chaleco reflectante y andar un poco nos hubiera sacado del apuro. Gracias por comentar Ote 🖐️

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