La tertulia de las diez: “El escritor de sueños”


Por mediación de El arca de las palabras del blog de Úrsula un nuevo relato para la ya conocida Tertulia de las diez.


La vieja papelería de barrio se iba a cerrar, había estado allí desde que yo tengo recuerdo. De niño me quedaba absorto mirando el escaparate, ver bolígrafos y plumas estilográficas metidas en sus cajitas me hacía imaginar como habían muerto, no podía evitar comparar su estuche con un ataúd, y estaban esperando que alguien las comprara para su resurrección.

Con el paso de los años, y los consiguientes traspasos, el negocio degeneró en lo más práctico, aquello que se vendía, y el escaparate solo mostraba blogs y cuadernos con alguna que otra oferta de bolígrafos de consumo; nada que ver con mis recuerdos de infancia. Ahora era ya definitivo, por los carteles de cese, que no habría más papelería en el barrio.

Yo no quería dejar la ocasión, o seguramente después me arrepentiría, de entrar quizá por última vez y comprar algo de recuerdo. El caso es que no había nada que me llamara la atención, ni siquiera conocía a este último propietario, pero abrí la puerta con determinación. Después de mirar todos los estantes y mostradores casi ya vacíos por el cincuenta por ciento de descuento, encontré un paquete de cuadernos como los que de niño compraba para aprender a escribir.

Salí como mi paquete más nostálgico que entusiasmado por la compra. Ahora ya no necesita aprender a escribir; aunque, mejorar la caligrafía; no me vendría nada mal. Guardé mi dudoso tesoro en un cajón sin tener claro si llegaría a usarlo o se quedaría allí como un recuerdo olvidado.

Internet es un medio entero acaparador, todo lo que vemos, escuchamos o, incluso, escribimos, está en alguna parte de su omnipresente presencia. Por ello mi paquete de cuadernos de una línea y de dos renglones quedarían a perpetuidad en su gaveta. Yo, por mi parte, llevaba tiempo tratando de plasmar mis sueños como fuente en relatos. Esta idea se me ocurrió cuando al despertar de una pesadilla, la imaginación me rebosaba de ideas para uno o varios cuentos de terror.

Aunque tengo el portátil a mano siempre, el primer minuto es crucial porque, lo que se ve con toda claridad en esos sesenta segundo, se desvanece. De ahí que cuando ya lo tengo arrancado solo acierte a poner alguna frase a medias o palabras sueltas de mi ensoñación. No fue hasta en una de esas madrugadas, en las que el sueño fue como una película de aventuras, me acordé de esos cuadernillos de escritura; mientras, impacientemente, esperaba me arrancara el portátil retrasado por una actualización.

Ahora por las noches dejo más apartado la tecnología del demonio y en la mesita, en cambio tengo uno de mis cuadernos de escritura con un bolígrafo de esos resucitados. Mi minuto de lucidez me da para crear la estructura de mi siguiente historia que, como no, acabaré subiendo a la nube de Internet. Si bien, lo digital nos satura los sentidos, lo analógico hace lo propio con lo que sentimos.


Si bien, lo digital nos satura los sentidos, lo analógico hace lo propio con lo que sentimos.

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