La tertulia de las diez: “Truco o Trato” especial Halloween


Por mediación de El arca de las palabras del blog de Úrsula un nuevo relato para la ya conocida Tertulia de las diez.


Llevo toda la tarde siendo asaltado por grupos de pequeños monstruos, los hay de todas las clases y formas, sin poder evitarlos. Salí del trabajo bien preparado, en un bolsillo del abrigo, una buena cantidad de monedas de cincuenta céntimos y, colgada de la mano, una bolsa repleta de caramelos efervescentes y gomas de mascar de todos los sabores. Así todo, a mitad de camino, tuve que repostar, de esta dulce munición, en una tienda de chucherías. Con tanto Trato o Truco por el camino, este Halloween, resultaba ser una completa invasión de criaturas espeluznantes en versión mini.

Estaba ya próximo a casa, con mis reservas casi al límite, cuando un nutrido grupo me rodeó. Eran tantos que había varios draculitas, zombies y brujillas clonados; seguramente, todos ellos, eran los que el resto del año, ocultaban su identidad haciéndose pasar por los críos del barrio. Les vacié mi bolsa de golosinas en la suya y, tal vez por la vecindad o la intimidación del nutrido corrillo, acabé de firmar el Trato con dos billetes de cinco euros. Sus gritos y aullidos de alegría, justificaron sobradamente mi generosidad; y yo, también, sonreí plácidamente.

En las escaleras de mi portal encontré a otras tres aberraciones: una diablilla, un demonio y un ángel con las alas cortadas. Estos ya estaban crecidos, ni siquiera eran adolescentes, adultos y bien adultos. A su típica pregunta de Trato o Truco no lo dude y, después de mi esplendidez anterior, quise probar la cruz de la moneda diciendo Truco. Su respuesta, a la mía, no se hizo de esperar y la chica del grupo me tocó con su tridente. Al momento, noté una fuerte descarga que convulsionó mi cuerpo, haciéndome sentar al pie de las escaleras. No llegué a perder, completamente, la consciencia y pude percibir, las carcajadas de los tres endemoniados, mientras se iban desvaneciendo de mi vista.

Así, sentado, inmóvil, con las palmas de las manos hacía arriba, la cara desencajada y la mirada perdida, me pasé un buen rato. La verdad es que, después de la primera sensación de intenso dolor, me invadió una tranquilidad y una paz como nunca había antes sentido. Al recobrarme, la cosa no me había ido nada mal; en una mano tenía un billete de cinco euros, dos monedas de dos y cuatro de un euro; en la derecha, donde me colgaba la bolsa de golosinas, esta casi rebosaba.

Al llegar a casa, la experiencia de la descarga eléctrica, me había dejado en shock mental; unos segundos de intenso dolor y luego una media hora, que me pareció una eternidad, por la paz en la que estuve. Como chispas de mantenimiento, desde hace casi veinte años en un edificio de oficinas, tuve curiosidad por ese aguijón eléctrico y me conecté a Internet para documentarme y ver vídeos al respecto. Al cabo de una hora, ya tenía suficiente información, y me metí en mi cuarto de las chapuzas para fabricarme un electroshock casero; desguazando un par de luces de emergencia, conseguiría las bobinas necesarias, y oscilador a partir de un viejo regulador de potencia.

En menos de dos horas, ya tenía una tosca máquina, con potencia suficiente para dejar frito a cualquiera. Por eso y para evitar accidentes, puse dos botones negros para baja intensidad, y cuatro pulsadores rojos iluminados, para ir aumentando por si fuera necesario. No iba a poner, toda la carne en el asador, en la primera descarga.

La prueba inicial la hice con el gato de la vecina que, como ella trabajaba en pub de la esquina hasta tarde, yo me encargo de darle la cena cada noche. Accionando solo un botón el animal se quedó inerte, yo me asusté pensando en lo peor, pero después de cinco minutos me di cuenta que, aunque imperceptiblemente, respiraba y latía su corazón.

A eso de media noche ya tenía en mi cama montada, como una gigantesca tela de araña, el cableado que me dejaría en shock esa misma noche. Todo estaba listo, y ya había conectado el temporizador al enchufe, para que antes de su clack, tener cinco minutos y colocarme bien en mi telaraña eléctrica a la espera de la descarga. Estaba en un impaciente silencio, con los ojos cerrados, esperando volver a ese trance de paz que viví hace unas pocas horas; cuando, un familiar ronroneo y unos clap, clap, clap y clap, hicieron cruzar un fugaz pensamiento en mi cerebro <<Einstein, el gato de mi vecina, se ha despertado de su trance y se está estirando en mi máquina de electroshock casero apretando los botones rojos. Si es eso… cuando se dispare el temporizador… me puedo quedar igual, que un moscón, dentro del atrapamoscas eléctrico de las carnicerías  >>

Me iba a incorporar súbitamente, para comprobar el aparato, cuando sonó un Clack.  


 

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10 comentarios sobre “La tertulia de las diez: “Truco o Trato” especial Halloween

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