La tertulia de las diez: “El islote”


Por mediación de El arca de las palabras del blog de Úrsula un nuevo relato para la ya conocida Tertulia de las diez.

Desde que mi vida laboral paso a ser tiempo libre diario tuve que adaptar mis rutinas para llenar esas horas con algo y no recaer en la depresión que motivo mi prematura jubilación. La medicación, más que levantarme el ánimo, me atontaba y me tenía el día sumido en un sopor y apatías constantes.

Después de unos meses en esa situación; los días y las semanas transcurren, en ese estado, como una ensoñación constante estancada en el tiempo, sin darnos cuenta de la pérdida de la continua degradación física y mental; en un breve momento de lucidez decidí apuntar en una hoja de papel todas mis aficiones, las pasadas y hasta las olvidadas como una lista de la compra para intentar retomar el control de la situación.

Al cabo de unos días, contemplaba el papel pegado en la nevera, había una docena de hobbys que en alguna ocasión me resultaron entretenidos y llenaban mi tiempo de ocio. Ahora, con todas las horas del día a mi disposición, debía ir llenándolas con algo más que desidia y falta del más mínimo espíritu.

Fui probando y tachando actividades de la lista y ninguna me hacía sentir el interés suficiente para salir de mi crónica apatía y después de unos días quedaba eliminada tanto de mis quehaceres como del papel pegado en la nevera. Había un entretenimiento que de joven, más bien de crío, me tenia las tardes ocupado desde finales del verano hasta que el clima lo permitía, era ir a pescar al espigón del puerto.

Con mi desidia aguda, desplazarme aunque fuera a la tienda del barrio, era una proeza que solamente realizaba cuando no me quedaba más remedio. Ahora debía demostrarme que sería capaz de volver a sentir la brisa del otoño en la cara mientras pasaba las tardes, sentado en un atraque viendo la mar y algún que otro barco mientras lanzaba la caña esperando alguna que otra picada, en un paz y tranquilidad innatas.

Me costo pero pero me compré un equipo básico de pesca, algo sin pretensiones solo practico y funcional. Ahora, además siendo adulto y sin tener que rendir cuentas en casa como cuando era un crío, podría ir al islote de la playa en mar abierto, para retomar esta afición todavía más integrado y próximo a la Naturaleza.

El autobús urbano me dejó a unos escasos doscientos metros de mi islote, había consultado las mareas y estaba en bajamar por lo que podría ir a mi puesto de pesca sin descalzarme siquiera. El cambio de hora ya había entrado, así que esa tarde la noche no se haría esperar mucho y tendría dos horas por delante antes que tanto la marea como la oscuridad me dejaran aislado en mi roca.

Cada día repetía la misma operativa, variando solo las horas en función de la bajamar, y la terapia había tenido buen resultado. La proximidad con el mar, la tranquilidad solitaria, el aire con aroma a salitre habían conseguido llenar unas horas y superar la desgana por todo. De hecho en la última visita al médico, estaba él más sorprendido, por lo que me bajo la medicación a un nivel testimonial como paso previo para su eliminación total.

Esa tarde era especial, la bajamar coincidía con el ocaso y el sol, a pesar de estar bien entrado el otoño, quería despedirse iluminando su retirada por el horizonte. Aquella vista me inspiró, supe perfectamente lo que tenía que hacer y quise dejar constancia de mi historia a la vieja usanza, en un este escrito metido en una botella. No tengo una a mano, así que usaré mi termo de acero inoxidable para que quien lo encuentre cuando sea pueda leerlo.

PD: Ya es casi de noche y la mar me ha rodeado, se ha vuelto dominante e impetuosa , las olas rompen con fuerza y la espuma me salpica. Así que ya puedo meter mi carta y lanzar mi botella irrompible de acero al agua.

J.M.V.  17-11-2010

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NOTA 20-08-2018

Hace unos días un joven bañista encontró atascado entre las rocas, un termo pequeño de acero inoxidable, que parecía llevar mucho tiempo allí, por estar completamente recubierto de vegetación marina. Al abrirlo, para su sorpresa, halló esta carta intacta que,  por las siglas y la fecha, coincide con la desaparición de un tío abuelo suyo tachado de muy raro y loco en la familia.

Epílogo…

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