La tertulia de las diez: “El billete de tren”


Por mediación de El arca de las palabras del blog de Úrsula un nuevo relato para la ya conocida Tertulia de las diez.

Las decisiones de la vida nos pasan factura y por mucho tiempo que transcurra siempre tenemos la esperanza de volver al punto donde nos equivocamos y tomar la dirección correcta. Joss lleva un cuarto de siglo recordando su despedida en el andén, no tuvo valor para dejarlo todo y acompañarla. El recuerdo de ello ha sido, precisamente, su única compañía en estos veinticinco años.

Vivir la vida olvidando los convencionalismos, de la noche a la mañana, no iba con él o eso se pensaba. El continuo recuerdo de ese adiós por parte de él y un hasta la vista de ella subida al tren, le ha hecho dudar de sus principios desde que el silbato del jefe de estación dio la señal de partida a su Vida.

Ahora ya jubilado Joss, sigue con su vida cómoda solo ensombrecida por aquella decisión que no supo tomar a tiempo. ¿De qué sirve vivir bien y sin carencias cuando echas en falta la alegría de esa compañía que dejaste ir? —Esa era la pregunta de todos los días al levantarse que se hacía y la respuesta, lógicamente era el silencio.

Esta mañana sonó el timbre de la puerta, el cartero traía una carta certificada. ¿Qué broma es esta? —pensó Joss al abrir el sobre y encontrar un billete de tren con salida inmediata. Ni tiempo para arreglar nada, ni preparar siquiera una maleta. No obstante, el rostro se le iluminó, era como una segunda oportunidad y, si era una broma, en la estación estaría el bromista para reírse de él. Era un riesgo asumible y ¿qué podría perder en esta ocasión?

El taxi, a pesar de la generosa propina del viajero, no pudo evitar el atasco de medio día y llegó a la estación justo un minuto antes de la partida del tren. Joss salió, literalmente, como alma que lleva el diablo hacía su andén, en esta ocasión sí que intentaría coger el tren. Al bajar por las escaleras oyó el temido silbato y vio como lentamente el convoy iniciaba su viaje. Todavía tenía unos segundos, antes que cogiera suficiente velocidad, para engancharse a la puerta del último vagón.

Asfixiado y sudando a chorros Joss contemplaba como desaparecía por el andén su segunda oportunidad, cerró los ojos con fuerza y perdió la consciencia de todo. Al abrir de nuevo los ojos, el aroma de café recién hecho le hizo esbozar una sonrisa, un rayo de sol y entraba por la ventana de la choza, al fondo las olas del mar con su murmullo enfatizaban la Paz de ese Paraíso.

Se levantó y fue a lavarse la cara, al levantarla y versela en el espejo comprobó que era la misma que ayer; el día, en que llegó con la mujer que le miraba, sonriente, con una taza de café en la mano.

Joss se alegró de haberlo dejado todo y estar con ella allí, la pesadilla solo le serviría para intentar disfrutar más del día en tan buena compañía, definitivamente él no era el Joss del sueño 😉

 

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23 comentarios sobre “La tertulia de las diez: “El billete de tren”

  1. Bueno, la pesadilla era por haber tomado la decisión acertada, le mostraba el futuro si no hubiera tomado ese primer tren. El primer día, después de haber escogido un cambio importante, suele pasar eso.
    Gracias por participar Carlos

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  2. Es una pesadilla típica cuando se toma una decisión importante, en este caso, le presenta así mismo, no tomando el tren de la felicidad. Al despertar confirma que si ha cogido ese tren, que según la pesadilla podría intentar tomar 25 años después para volver a perderlo.
    Tu puedes sacar tus conclusiones que no tienen que coincidir con la mías, yo por si acaso no quiero tener que esperar 25 años para volver a tomar mi tren 🙂
    Saludos y gracias por la visita

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  3. Me parece una conclusión lógica, el tren pasa continuamente, cada cual es libre de subirse o bajarse del nuestro, al igual que nosotros de los de los demás. cada vida es un tren, cada momento una estación. Un abrazo.

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  4. Hay muchos trenes en la vida, los importantes es preferible no perderlos, el siguiente no sabemos cuando pasará. Los de cercanías, en cambio, cada media hora tenemos el siguiente.
    En mi estación siempre tendrás billete de andén y, si te quieres subir a algún tren, dile al revisor que vas de mi parte 🙂

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  5. De nada, aunque te aviso que es un poco cascarrabias, así que, como tenga el día, te sienta en primera o segunda clase. El camarero del coche restaurante es más agradable y te pondrá lo que te apetezca por cuenta de la casa 🙂

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