Desenlace de: “Un mal bocado que se quedó entre los dientes”


Del blog marguimargui desenlace de: Un mal bocado que se quedó entre los dientes

Un año ha pasado desde mi encierro en esta cárcel mental, yo no estoy loca aunque para ellos sea un bicho raro con un nombre muy largo. La medicación hace su efecto y, con mi aparente tranquilidad, me dejan salir una hora por las tardes al jardín. La visión del bosque al fondo de la finca enciende mis pupilas pero se que no tengo interés si no quiero volver a la reclusión de mi acolchada celda.

La paciencia nunca ha sido mi fuerte pero, de pastillas hasta arriba como me tienen, el tiempo pasa a un cansino ritmo lento que me ayuda a planear mi huida y la venganza que enciende mi sangre. Me he acercado a los lindes del bosque, no hay vallas ni alambradas, solo una pareja de mastines avisando, con su ronco ladrido, que estás al final de tu camino. Bueno, en cuanto recupere fuerzas y me bajen la dosis, estos cabr… me analizan la sangre para confirmar que tomo las pastillas, tendré una charla con esos traidores perros guardianes.

El tiempo transcurre, despacio, pero es inexorable y siento como mi instinto no sólo no se ha doblegado sino que está a punto de emanciparse. Mis dos canes “amigos” ya han llevado su merecido y, mientras los sustituyen, exploraré el bosque para reconocer el terreno y seguir alimentándome de comida sana. La única pega es que un interno, un joven dos o tres años mayor que yo, me vio volver de mi última cacería, tendré que tomar contacto con él para saber sus intenciones y si también debe desaparecer.

Paul es otra victima social que está aquí, con la excusa de ser un enajenado mental, para que sus hermanos puedan aprovecharse de su legítima herencia; hasta los ricos, con su delicada educación, son bestias insaciables en cuanto dinero se trata. Paul no solamente no dijo nada de mi excursión, además, me dio la cuartada cuando los celadores empezaron a echar en falta a los mastines.

Nunca sabes donde ni cuando vas a encontrar un amigo de verdad, mi pálido y joven ricachón, ha resultado ser el cómplice ideal para mi plan. Yo pongo la fuerza y el coraje, él la inteligencia y la estrategia, esta simbiosis me ha ayudado a desarrollarme como una loba adulta en todos los sentidos. No hay nada, como la comida fresca del bosque, para ponerse en plena forma; cuando me tenga que enfrentar a lo que sea, estaré preparada.

Paul ya ha preparado meticulosamente el plan, hemos reclutado a Tomas, un manitas que se pasa todo el día en el taller haciendo trabajos y reparando todo lo que le lleven. Tomy, como lo llamamos, es algo mayor que nosotros; su mujer le echaba polvo de setas alucinógenas en la comida hasta que consiguió que, con sus visiones, lo inhabilitaran, perdiera el negocio, la mujer, su mejor amigo y acabara aquí medicado como un orate perdido.

Al fondo del bosque, en la tapia de la finca hay una pequeña verja de la que Tomy me ha hecho una llave. Por la noche Paul, que es recluso de confianza, me abrirá la puerta de la celda y yo dispondré de ocho horas para dar cuenta, en primer lugar de sus avariciosos parientes que curiosamente tienen su mansión a menos de cien kilómetros. De madrugada volveré, cansada pero saciada y en el recuento matinal nadie se percatará de mi aventura nocturna.

Al mes siguiente, para que no puedan establecer una continuidad muy próxima de desgraciados acontecimientos, haré lo propio por Tomy. En cuanto no haya familiares por medio, los abogados de mis amigos, ya encontraran la forma de sacarlos de aquí y, con ellos fuera, será cuestión de dinero que, en mi mayoría de edad, yo también pueda abandonar esta cárcel física aunque lo denominen sanatorio mental.

Sólo quedará mi familia pero, esa venganza, se servirá bien fría para paladear cada gota de sangre en su exquisita viscosidad.

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