La tertulia de las diez: “El libro de la sabiduría” y II


 

Por mediación de El arca de las palabras del blog de Úrsula un nuevo relato para la ya conocida Tertulia de las diez.

Con los años, la región se quedo pequeña y los viajes del nuevo sabio se extendieron hasta las fronteras de los países vecinos. En cada sitio dejaba perlas de su conocimiento, arreglando situaciones de todo tipo, como un juez de la vida que pone paz por donde pasa. Todos estaban asombrados, no solo por sus inteligentes y justos veredictos, también porque su libro de sabiduría nunca era abierto, no necesitaba de su consulta.

Este sabio no tuvo problemas para encontrar discípulos, en cada ciudad encontraba al menos un voluntario; la única condición que imponía, era la de viajar tres años juntos, dándoles un nivel en cada nueva temporada. De esta forma podía tener un aprendiz de primer nivel, otro de segundo y el, más avanzado, de tercer grado.

Cuando el joven maestro, ahora ya tan mayor como su predecesor, presintió que el cambio de plano estaba cerca, decidió pasar sus últimas semanas de vida en el oasis donde los cuatro muchachos, ahora hombres, mantenían prospera la posada. Al enterarse sus discípulos, ya maestros y los discípulos de estos, quedaron en ir a visitarle para despedirse de él.

Aquel día parecía una fiesta en el oasis, se habían juntado mas de cien sabios en el lecho del viejo maestro. Este, sabedor que le quedaba poco para cambiar de plano, hizo la ceremonia de entrega del libro. Abrió el grueso tomo de piel repujada, fue arrancándole las hojas y repartiéndolas entre todos los asistentes. A pesar del respeto que sentían, por quien fuera su maestro, los sabios se escandalizaron al recibir un trozo de papel en blanco. El murmullo parecía el de un avispero revuelto; solo uno de los presentes, precisamente la más joven de todos los maestros, entendió el significado de la ceremonia e intercambio una mirada de complicidad con el viejo sabio.

En su lecho de muerte; a pesar de haber enseñado a más de cincuenta personas, nunca discrimino entre jóvenes aprendices o aprendizas; sus conocimientos, solamente uno (una), entre todos ellos, las habían entendido de verdad. Igual que su preceptor, a quien muy pronto visitaría en el otro plano, solo tuvo un digno sucesor (sucesora).

 

 

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4 comentarios sobre “La tertulia de las diez: “El libro de la sabiduría” y II

  1. La sabiduria se la pasaba en los tres años juntos con el ejemplo como dices U, la forma de actuar y resolver conflictos con leyes que no están escritas.
    El libro sólo era un amuleto para los poseedores y un placebo para dar confianza a quienes solicitaban su ayuda.
    Sólo uno (una) entendió que la sabiduria está en el racionamiento y como actuar en cada caso, los demás fallarón la última prueba del viejo maestro.

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